La sonrisa de una mujer vale mas que cualquier sufrimiento dolor o humillacion de un hombre


Ni todo el sufrimiento, dolor o humillación que pueda llegar a tener un hombre en su vida, se compara en valor a la sonrisa pasajera de una mujer. La mujer es tan suprema sobre el hombre, que un instante de felicidad o alegría, justifican y superan la angustia que llegue a sentir un sumiso. Así pues, para un esclavo, doce horas de dedicación al limpiar y ordenar todos los zapatos del closet de su Señora, no son nada comparados con el infinito placer de ver su sonrisa de satisfacción al llegar y encontrar todo su guardarropa en orden.

Por supuesto que seis horas bajo el sol, con ampollas y tierra hasta en el trasero, no tiene valor ante la invaluable mueca de alegría de una Ama que llega a su casa, se asoma al patio, y encuentra su jardín inmaculado.

En fin, nada de lo que pueda sufrir un esclavo se compara al instante de esa sonrisa de felicidad, alegría, o simple satisfacción de una Ama, al ver cumplido a cabalidad su mandato o deseo. No importa que tan ardua o absurda sea la tarea, el verdadero sumiso (de cuerpo y alma) vive sólo para obedecer las incuestionables órdenes de su Dueña.

Por ejemplo, a mí me encanta ordenarle a mi esclavo que haga “deditos”, es algo muy curioso y divertido que se me ocurrió, por lo regular se lo ordeno en las noches, cuando voy a salir por largos ratos o lo dejo atado-inmovilizado (bondage). Se trata de que debe mover velozmente los dedos de los pies, en todas direcciones, pero sin parar. Lo importante es que debe hacerlo con velocidad, en ambos pies, y sin detenerse. Desde luego al comienzo lo hace sin problemas, pero al cabo de unos minutos, comienza a cansarse, por lo que el movimiento de sus dedos se vuelve torpe, y después de más tiempo, el cansancio es tanto que se convierte en dolor, pero no puede parar, ya que yo no le he ordenado que se detenga. Se convierte en una agonizante lucha contra el cansancio, en ocasiones aunque no se pare por completo disminuye la velocidad, entonces aprovecho para darle unos buenos varazos en la planta de los pies, para animarlo a continuar.

Es interesante como con algo tan sencillo, se puede causar tanto dolor y agonía a un sumiso obediente, que en cumplimiento de los deseos de su Ama quiere seguir haciendo “deditos”, pero su cuerpo ya no puede del cansancio. Bastante divertido, y se necesita un gran compromiso y devoción de parte del esclavo. Mi siervo ha logrado hacer “deditos” por hasta dos horas seguidas sin detenerse (cuando lo veo que disminuye la velocidad le doy unos buenos varazos para que se reanime). Cuando de plano se detiene es porque le ganan los calambres.

Bueno, así como a mí se me ocurrió el juego de “deditos” para poner a prueba la devoción y dedicación de mi esclavo, estoy segura que a muchas mujeres ya se les habrán ocurrido otros juegos o ejercicios de sumisión,  sería interesante compartirlos y ampliar así nuestro “repertorio” de ideas. Recordad que este blog es también para compartir e intercambiar ideas y experiencias.

- Palabras de mi Señora y Diosa.

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