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FEMINIZACIÓN: Todo un privilegio

FEMINIZACIÓN: Todo un privilegio

El machismo está tan arraigado en la sociedad, que incluso, el sumiso conserva ciertos vestigios de machismo dentro de su mente. Por ejemplo, para muchos hombres la feminización es una forma de ser humillado (pero siendo sumiso o masoquista, le gusta), para él es la forma más gráfica de expresar la pérdida total de su hombría (ya sea sólo para su ama, o en público). Sin embargo, esto podría tener un doble significado (y creo que lo tiene), el cual consiste en que al feminizarse, el hombre se degrada, es decir, pasa a un estado inferior como mujer. Lo cual expresa esa concepción machista. Histórica y socialmente la mujer siempre ha sido considerada “el sexo débil”, o inferior. Así que un hombre que se feminiza, se está rebajando al nivel inferior de la mujer.

Existen antecedentes que lo expresan claramente, como la famosa “disciplina de las enaguas”, en la que se obligaba a feminizarse a los niños (hombres) que presentaban conducta agresiva, violenta o mucha desobediencia, y sólo se les levantaba el castigo, hasta que se corrigiera el problema. Es decir, ser vestido como mujer (y por lo tanto, asemejar ser mujer) era algo indeseado y humillante.

Sin embargo, creo que las mujeres dominantes, debemos tener cuidado, y no tolerar esta práctica machista, de ver la feminización como un castigo o algo humillante, sino todo lo contrario. Para un verdadero sumiso, que entiende y  aprecia la superioridad de la mujer, sabe que vestirse como tal (y tratar de asemejársele) es el máximo de los privilegios que puede tener. Ya habíamos mencionado que para un hombre, el privilegio más grande es servir a una mujer, pero poder ser una de nosotras (más bien, intentar serlo), es un privilegio aún mayor, claro, sin perder su inferioridad de sumiso.

En mi situación, a mi esclavo le encanta ser feminizado, de tal forma que sólo lo feminizo como premio, o en ocasiones especiales, como el día de la mujer, por ejemplo (o simplemente si se me da la gana). Recuerdo que fue muy divertida la primera feminización que le hice a mi sumiso, lo mandé a comprar todas las cosas necesarias, maquillaje, peluca, accesorios y ropa, luego lo “disfracé” de mujer, ya tenía todo, excepto los zapatos (era lo único que le hacía falta, ya que cómo calza del ocho mexicano, fue algo difícil encontrarlos), y fuimos a recorrer el mercado de pulgas (tianguis, o puestos de bazar, se les conoce de varias formas), como un detalle especial él iba descalzo, porque precisamente estábamos buscando zapatos. Luego de caminar por más de tres horas, y preguntar en casi todos los puestos (y zapaterías cercanas), por fin encontramos en una venta de garaje (un puesto improvisado en la cochera de una casa) varios pares muy grandes, se los midió, y vi cómo le brillaron los ojos de alegría al sentir cómo si le entraba el pie (ya se había probado otros zapatos en puestos anteriores, pero no le quedaban), y no sólo uno, sino que encontró tres pares muy sensuales… (Unos huaraches muy sexis, unas plataformas, y unos de tacón muy altos) luego de pagarlos me pidió permiso para ponerse un par, y me pareció divertido, así que le ordené ponerse los de plataforma… se tropezó bastantes veces en el camino, y con su caminar tan torpe, fue la sensación de la calle, además del hecho de ir vestido de mujer, todos lo miraban, susurraban y se reían… fue uno de los días que más me he divertido…

Cabe destacar, que no es lo mismo “feminizar” que “disfrazar”. Las primeras veces que un sumiso se pone bragas y tacones, sólo se disfraza. Para poder “feminizarse”, es decir, hacerse femenino, no basta con vestirse como mujer, por ello aquél famoso refrán: “el hábito no hace al monje”, así que los tacones no hacen a la mujer. Un sumiso se “feminiza” sólo hasta que se comporta, actúa, y hasta piensa como una mujer. Claro que vestirse de mujer ayuda. Lleva bastante tiempo para que un sumiso aprenda a feminizarse verdaderamente, y la Dueña tiene un papel muy importante en este proceso, es todo un entrenamiento físico y psicológico. Físico por cuestiones cómo caminar con tacones, moverse y actuar como mujer, y en el aspecto psicológico, a enseñarle a pensar cómo mujer, que en realidad jamás lo logrará ni siquiera a un 60%, porque nunca dejará de ser hombre.

Otro aspecto importante de la feminización, es que el sumiso, como un ente inferior, al convertirse en mujer, lo más adecuado a mi parecer, es que sea también, en su versión femenina, un ente inferior. Lo único que se me ocurre que puede ser un esclavo como mujer, es una golfa, una perra, una puta, ya que no creo que aspire a más. En el caso de mi esclavo, lleva un gran avance, ya disfruta tener relaciones con otro hombre, para él es un gran progreso, ya que es “heterosexual”, y jamás le había gustado estar con otro hombre, pero lo hacía para complacerme, porque sabe que me divierto bastante al verlo. Pero ahora ya lo hace disfrutándolo, es decir, ya no sólo por complacerme. Al principio me reía mucho porque le decía: “si lo piensas bien, no estás haciendo nada *homosexual*, al feminizarte, te conviertes en mujer, y entonces, al tener sexo con un hombre, como tienes el rol de mujer, en realidad es una relación *heterosexual*”, y psicológicamente así funciona. Le costó algo de trabajo acostumbrarse, y algunos castigos, pero lo logró.

Para terminar este tema, le ordené a mi esclavo que escribiera un párrafo sobre lo que siente al feminizarse:

“Primero que nada me fascina, si por mi fuera usaría tacones todos los días, y por supuesto, todo lo que ello implica, desempeñar el rol de mujer, pero mi Ama sólo me ordena feminizarse en ocasiones especiales, así que cuando me da ese privilegio, lo disfruto al máximo. Cuando comienzo a maquillarme y a vestirme, no puedo evitar excitarme, no estoy seguro si es por la ropa, los zapatos, el maquillaje, o los hombres, o más bien por todo. Cuando por fin estoy “lista”, por lo regular mi Ama me manda a comprar algo, para lucir mis tacones, o en el mejor de los casos sale de compras y me permite acompañarla. Por lo regular, el día que me feminiza también invita a algún amigo, para yo tener intimidad con él, a mi Dueña le encanta sentarse cerca de la cama y observar el “espectáculo”. Me fascinan los amigos de mi Señora, saben de mi situación cómo “sumisa”, y me tratan como tal, me tiran nalgadas, me empujan, me estrujan, me maltratan, me hacen besarle los pies, lamérselos, lamerles el ano, y ordeñarlos, además de la inevitable (dolorosa y placentera) penetración. Todo eso me encanta. Mi ama es muy cuidadosa y selectiva con sus amigos *íntimos*, se hacen pruebas del VIH regularmente, y sólo tiene sexo sin condón con aquellos que sabe que no tienen ninguna enfermedad. A mi me fascina tener sexo sin condón, porque sólo así disfruto cuando mi macho eyacula dentro de mi culo, sentir su enorme pene dentro de mí, vaciando todo su jugo, ¡me encanta! Y luego chupársela (al natural) para exprimirle hasta la última gota de leche que le quede, y sólo así me aseguro de no dejarlos ir con ninguna gota. Mi Ama me entrenó muy bien, para ser una buena puta, cómo moverme, cómo comportarme, y qué decir, para satisfacer al máximo a mis “clientes”. Me tengo que esforzar al máximo porque sólo si mi hombre se va feliz, me vuelve a traer otro la próxima vez. Por todo eso, y más que no basta un breve texto para expresar, le agradezco mucho, muchísimo, mi Diosa por permitirme feminizarme, ya que sólo después del privilegio de servirle, es la experiencia más bella que puedo tener”.

- Palabras de mi Señora y Diosa (excepto el último párrafo, el cual fue expresado por su esclavo).

El verdadero sumiso no es dueño ni de “su propio cuerpo”

Me encanta esta imagen, ya que en verdad dice más que mil palabras. Muestra al “hombre” totalmente indefenso, atado de pies y manos, con una mordaza, silenciando de antemano sus posibles gemidos de dolor y sus opiniones que no importan ni interesan, con sus genitales y el trasero a la intemperie, expuesto a los caprichos y travesuras de la mujer, que se muestra muy curiosa y divertida, porque sabe que tiene el control total. Ella está planeando cómo divertirse, y al mismo tiempo, humillar y degradar más a su juguete, mientras él, lo único que puede hacer es tolerar pacientemente todos los deseos y caprichos de su Dueña (puede ordeñarlo, penetrar su indefenso ano, darle unas buenas nalgadas, entre muchas otras cosas), ayudar en lo que pueda, desde su degradada posición, para una vez que su Ama esté satisfecha, regresar a terminar las tareas del hogar.

Un verdadero sumiso se entrega de cuerpo y alma a su Ama. Al grado de ser un especie de “extensión” de ella, que está para servirle y hacer su vida más cómoda. Así que el siervo no es dueño de su cuerpo, ni de su mente. Él es propiedad de su Señora, lo cual sin duda, le debe ser motivo de orgullo, ya que el simple hecho de que su Diosa le dé la oportunidad de pertenecerle, es el privilegio más grande que puede tener. De ahí viene después el privilegio de servirle, y sólo en un buen día, tener alguna satisfacción física, como masajearle los pies, o incluso llegar a besárselos.

- Palabras de mi Señora y Diosa.

El mayor de los privilegios es formar parte de su colección

A lo largo de nuestras vidas, las mujeres dominantes podemos llegar a tener un buen número de sumisos a nuestro servicio. Sin embargo, hay quienes procuran tener varios a la vez, y existen algunas Amas, que prácticamente los coleccionan.

Me tomaré la libertad de compartir la situación de una buena amiga, que conozco desde hace algún tiempo (la conocí en la web). Se trata de una mujer dominante sin ningún tabú, muy liberal y de mente abierta. No daré datos personales, pero es muy culta, habla varios idiomas, sensual, coqueta, y su pasatiempo favorito es coleccionar sumisos. Tiene una gran habilidad para seducir y someter a los hombres.

Todo comenzó con su primer esposo, luego de un tiempo de casados, su relación era inestable y algo áspera, pronto se dieron cuenta que su matrimonio no funcionaría, o al menos, no como lo habían llevado a cabo, como una pareja “normal” (marido y mujer). Luego de comenzar el trámite de divorcio y separarse, ella estaba angustiada por el tedioso proceso (sobre todo por la disputa de las propiedades), y encontró refugio en la web, una cosa llevó a la otra, y le comenzó a atraer el mundo FEMDOM. Decepcionada del matrimonio, pronto se dio cuenta que la mejor relación entre un hombre y la mujer, es la sumisión.

Se le ocurrió una maravillosa idea, consiguió accesorios FEMDOM (dominación femenina), y se dispuso a crear un sitio web de servicio de Dominatriz (Dominatrix o Mistress), de esa forma desahogaría toda la rabia que sentía contra el sexo masculino, liberaría su estrés, y se ayudaría un poco económicamente, le parecía sin duda un pasatiempo muy útil para liberar la tensión.

A los pocos días de crear su sitio web, aparecería su primer cliente. Luego de algunos correos, pactaron la cita para la sesión en su “mazmorra” (un especie de bodega o local rentado que acondicionó para su nuevo pasatiempo). Al llegar la fecha y hora, sonó el timbre, y cuál sería su sorpresa que su primer cliente era su ya casi ex marido. Al principio se quedaron mudos los dos. Luego de unos segundos, ella respiró profundo y dijo con mucha determinación: – ¿¡Qué esperas esclavo!? Piensas hacerme perder mi valioso tiempo, te quiero ver a gatas, y besando mis pies.

La sesión continuó tal como se había pactado en aquellos emails. Al terminar, su marido (aún faltaba poco para concluir el divorcio), o más bien, su sumiso, le dijo muy consternado y sorprendido – No sabía que te gustara ser Dominatriz-, y ella respondió – Ni yo que a ti te gustara ser esclavo-. Él se puso de rodillas y besándole los pies, le rogó que cancelara el trámite de divorcio, y volvieran a estar juntos, le prometió que todo sería diferente, que estaba dispuesto a ser un “esposo sumiso y obediente”. Ella, con mucha autoridad le dijo que no, que el divorcio debía concluir. Pero que le parecía muy interesante la idea de tener un sumiso en casa…

Y fue así cómo se apropió de su primer siervo. Concluido el divorcio, ya no era su esposo, sino sólo su esclavo. Durante la parte final del trámite de divorcio, él había rechazado su parte de bienes mancomunados, y le había cedido a ella todo lo que le correspondería a él. Sin ninguna propiedad, lo único que le quedaba era el placer y privilegio de servir a su ex esposa, quien ahora sería su Dueña. Un giro impresionante del destino.

Luego de unos meses, ella ya soltera, comenzó a salir con otro hombre, conservando a su sumiso. Su nueva pareja, adinerado empresario, fuertemente atraído por ella y de actitud dócil, aceptó casarse conservando al sumiso (como una mascota). Al poco tiempo, su nuevo esposo se convertiría también en su esclavo, haciéndole compañía al otro. Ambos hacían las tareas del hogar, preparaban las comidas, mantenían limpia la mazmorra (que ya había mudado a su residencia personal), en fin, hacían un buen equipo de trabajo. Ella siguió ofreciendo servicios de dominación, de hecho, junto a la ex fortuna de sus sumisos, y al tributo por sus servicios como Mistress, le bastaba para vivir decorosamente.

Luego de un tiempo, le ordenó a su esclavo (actual marido) que firmara el divorcio, y que sólo así le permitiría seguir sirviéndole. Él no tuvo otra opción, más que cederle todos los bienes y romper las nupcias para poder seguir a sus pies. Contrajo matrimonio una vez más, ahora con un “cliente” (con quien había tenido ya muchas sesiones), él nuevo esposo, no dudo en casarse, seducido por la idea de pertenecerle de tiempo completo a su Dominatriz, ya no tendría que pagar sesiones y hacer citas, sino que podría servirle de tiempo completo. Y así fue. Se sumó un siervo más a su colección.

Actualmente tiene en su residencia ocho esclavos de tiempo completo (24/7), de los cuales cinco fueron sus esposos, los otros tres se le entregaron voluntariamente (cediéndole sus propiedades, uno soltero, otro viudo, y uno más divorciado), y además de otros cuatro sumisos “de medio tiempo”, que cuando salen de trabajar van a su casa buscando poder servirle a su Ama (y deben compartirle el 80% de sus ingresos). Actualmente ya no ofrece servicios de Dominatriz, ya está satisfecha con su colección.

Ella dice que su mayor satisfacción la encontró en su primer sumiso. Ya que fue él que como marido le causó angustia y sufrimiento, y por un giro del destino, ahora está postrado a sus pies sirviéndole. ¡Justicia en todo su esplendor! Los demás siervos los conserva por mera diversión, para satisfacer su lívido dominante.

- Palabras de mi Señora y Diosa.

Motiva saber que el premio al que logre tumbar al otro sera el placer de oler y besar sus pies

¿Dos sumisos, doble diversión? ¡Claro que sí! Tener un esclavo a tu servicio es bueno, pero tener dos es aún mejor, porque además de que puedes dividir tareas, se involucran otros factores entre ambos sumisos, también motivo de diversión.

Se dice que cuando un esclavo sirve a dos dueñas, con alguna queda mal. Yo diría que cuando dos esclavos sirven a una dueña, alguno queda mal. Se quiera o no, en muchas relaciones (o simples sesiones) de dos sumisos y una Ama, tiende a haber cierta competencia, celo o hasta envidia.

Puedes ordenar a ambos besar tus pies, y cada uno tratará de que te sientas lo más satisfecha posible, se esmerarán en hacerlo bien, pero luego, tratarán de hacerlo mejor que el otro. Esto ocurre principalmente cuando a ambos se les da la misma tarea. Limpiar tus zapatos, barrer, etc. Ayuda más si tú misma plasmas esa competencia, señalando que uno lo hiso mejor que otro. ¿Es buena esta competencia? En mi experiencia sí, siempre y cuando la sepas llevar. Me encanta ver como compiten, y a su vez sufren, sobre todo cuando les doy tareas difíciles, tediosas o hasta dolorosas.

También puede ocurrir que a un sumiso le des tareas de hogar (barrer, trapear, lavar la ropa, etc.) mientras al otro le asignas labores de para tu atención personal, como masajearte o adorarte los pies, o simplemente ser tu banquillo de pies mientras te relajas viendo el televisor o usas tu computadora. Al sumiso que está haciendo el quehacer es muy probable que le surja cierto recelo o envidia, ya que el otro prácticamente está disfrutando al pie de su Ama, mientras él está lejos de su ella. Algunos incluso se desesperan, y comienzan a hacer rápido las labores para estar lo más pronto posible postrados ante su Dueña, sin embargo, al hacer esto es posible que cometan errores, como dejar algo sucio, u omitir algún rincón. Es más divertido aun cuando la Señora se da el tiempo de inspeccionar, y encuentra (incluso deliberadamente) imperfecciones en la tarea del siervo, y además de obligarlo a repetir la tarea (ampliada), incluirá desde luego un severo castigo, lo cual incrementará ese recelo y envidia. Al final del día el “buen esclavo” fue el que la hiso de banquillo para los pies de su Ama, sin esfuerzo ni cansancio, mientras que el otro, fue incluso hasta castigado.

Precisamente cuando hay al menos dos sumisos, la tortura es principalmente psicológica. Sin embargo esto se da sólo en “sumisos superficiales”, o en el mejor de los casos, “sumisos por vocación primerizos”, ya que un verdadero esclavo, está consiente que lo más importante es servir a su Dueña, así que no importa que haga o no el otro siervo, el sabe que está haciendo feliz a su Señora con cumplir a cabalidad sus mandatos. Además, el verdadero sumiso, ya entiende que él no importa, lo único importante es la felicidad y satisfacción de ella, así que si otro sumiso aparece, será mejor para su Ama, y por lo tanto mejor para él, y encontrará así, en el otro esclavo, un aliado para hacer aún más feliz a su Dueña.

Hace un poco más de un año, tuve durante algunos meses, dos sumisos de pila. Uno era el sumiso actual, al que poseo desde casi tres años (lo llamo “sumiso de pila”, es el que bajo mi mandato administra este blog), y el otro era mi novio. En cuanto conocí al que sería mi novio, demostró conducta sumisa, desde el principio fue muy cordial y servicial, desde el primer día noté que me hablaba con mucho respeto, y constantemente veía mis pies. Me di cuenta que era fetichista de pies, y por lo dócil, que sin duda sería un buen sumiso. Cuando se animó a declararme sus intenciones conmigo (aún no había ido a mi casa, por lo que no sabía de mi otro esclavo), me dijo que quería que fuera su novia. Yo, comprendiendo lo dócil y pasivo que era, le dije con mucha autoridad: – Me reúso a ser tu novia. Pero estoy dispuesta, en cambio, a ser tu Ama. Al principio se quedó mudo y atónito. Luego de unos segundos, rompí el tenso silencio y le dije: – ¿Qué esperas para arrodillarte y besar mis pies? Aunque estábamos sentados en la banca de un parque público, no dudo en tirarse al suelo, y de rodillas comenzar a besarme los pies con gran pasión y frenesí. Luego de unos minutos, le ordené que me llevara a mi casa, donde conocería a su compañero, lo cual le generó mucha incertidumbre y dudas.

Al principio estaba algo receloso, ya que como “novio sumiso” esperaba “exclusividad”, jamás se hubiera imaginado que ya tenía otro siervo en mi casa. Sin embargo las diferencias se hicieron evidentes, con él, como “novio”, si tenía relaciones sexuales, claro, muy a mi manera, pero si había intimidad, mientras que con el otro sumiso no (con el de pila). Así que no hubo problema por eso, mi novio sumiso y mi sumiso de pila, comprendieron pronto cada uno su papel. Sin embargo, el novio sumiso no dejaba de ser mi esclavo, y a ambos les daba tareas de sumisos. Prácticamente hacían lo mismo, la única diferencia era que con uno si tenía intimidad y con el otro no. Esto terminó beneficiando un poco al sumiso de pila, ya que con ayuda del otro, acababan más rápido las tareas del hogar, cosa que le hubiera tocado hacer sólo al de pila. Claro que en algunas limitadas ocasiones, dejaba al de pila haciendo el quehacer, mientras salía con mi novio sumiso (siempre me ha gustado salir a dar la vuelta y que me consientan).

Con dos siervos se pueden hacer cosas muy divertidas, algo que siempre he disfrutado es obligar a dos sumisos a tener sexo, ya que para ellos, “lo más degradante como hombre, es tener intimidad con otro hombre”, me llenaba de alegría ver como se les escurría hasta la última gota de dignidad, obligarlos a hacerse sexo oral y penetrarse. Desde luego mi sumiso de pila sólo podía ser penetrado (jamás lo dejo penetrar, desde el primer día que lo adquirí, quedamos que su único “genital” como sumiso sería su ano, se tenía que olvidar por completo de su pene), de hecho en los casi tres años que lleva siendo de mi posesión, nunca ha tenido una eyaculación vigorosa. En ocasiones de tanta penetración o cuando se éxito demasiado, se le escurre algo de semen, pero jamás lo he dejado tener una eyaculación “normal” (a chorro).

Deseché a mi “novio sumiso” cuando me propuso matrimonio, le dije que no me quería casar aún, que si su intención era servirme de por vida, podía servirme tal cual lo venía haciendo. Pero el insistió bastante en que quería algo “más formal”, y yo que soy un alma libre, no me ataré nunca, y menos con algo tan inferior. Simplemente me cansé de escuchar sus ruegos de nupcias, y literalmente lo deseché, le ordené salir de mi casa (así como estaba, desnudo, con un chastity y un plugin anal, así me gusta que estén mis esclavos en todo momento, en mi casa, dormidos o cuando salen), fue divertido verlo fuera de la puerta algunos días, sin moverse, resistiéndose a las miradas, asombro y risas de los caminantes y automovilistas. Lamentablemente para él, mí palabra siempre es final y definitiva, así que ya no le permitiría regresar ni siquiera como “novio sumiso” o “sumiso de pila”, había perdido su oportunidad, y peor aún, había querido “poseerme”. Luego de unos días noté que ya no estaba en la puerta, y no volví a saber de él.

En fin, es muy divertido tener dos esclavos, ya que se pueden hacer juegos y actividades que no serían posibles con uno sólo.

- Palabras de mi Señora y Diosa.

Sirvo, luego existo

La única razón de ser de un sumiso, es servir a su Ama. Muchos “supuestos sumisos” esperan de su Ama, para satisfacer su fantasía de sumisión, ser castigados y humillados por ella, lo cual no está mal, si eso a su Ama le atrae, pero en verdad, el único papel del sumiso, es servir. Él no puede esperar algo de su ama, al contrario, sólo existe para ver la forma de serle útil.

Ser útil, no necesariamente involucra actos sexuales, de humillación o castigo. De hecho, las mujeres dominantes no pensamos, desde luego, como la pequeña mentecilla de los hombres. Para nosotras un buen siervo no es aquel que esté dispuesto a humillarse por nosotras, o a tolerar “los peores castigos” sin quejarse. Un buen esclavo es aquel atento y disciplinado, que está dispuesto a obedecer y servir ciegamente. Incluso, el esclavo ideal es aquel que logra una “conexión” con su Ama, que llega a saber exactamente qué necesita ella y casi adelantarse a sus deseos. El sumiso se convierte en una extensión de su Ama (deja de ser “yo”, para convertirse en una parte de “ella”), y busca hacer la vida de su Señora más cómoda, confortable y feliz.

Para mi esclavo ser útil es: tener la casa limpia, hacer el desayuno y llevármelo a la cama, lavar mi ropa, los trastes, hacer mis trabajos, o incluso ser simplemente, un cómodo banquillo para mis pies.

No me cansaré de repetir que una relación de sumisión con una mujer dominante (FEMDOM), siempre girará en torno a la mujer, es desde luego obvio, pero el caso es que muchos sumisos no lo terminan de comprender y creen que al ser esclavos serán “atendidos por su Ama”.

Este compromiso y vocación de servir es tal, que incluso en muchas relaciones de sumisión, no tiene que haber sexo. Por ejemplo, yo llevo en posesión de mi esclavo casi 3 años, y nunca me ha visto desnuda, mucho menos llegar a tener algo íntimo con él. La única parte de mi cuerpo que ha tenido el honor de tocar o sentir, son mis manos para ser golpeado, y mis pies para adorarlos (o ser pateado).

- Palabras de mi Señora y Diosa.

El castigo purifica y rectifica

¿Castigo o premio? Así de delgada es la línea para los sumisos. Algunos “supuestos sumisos” fantasean con ser castigados y humillados con actos como penetración anal, besar los pies de su Señora o ser feminizados. Cuando en realidad, esas son cosas que les gustaría hacer. Esa típica dualidad sumiso-machista es incluso un insulto al feminismo. En muchas ocasiones el hombre supuestamente sumiso, quiere ser castigado siendo penetrado o feminizado (creyendo que esto es degradante, porque esto le corresponde a una mujer), pero se supone que al ser sumiso está reconociendo la supremacía de la mujer, entonces, ser feminizado (calzado, ropa y forma), o penetrado (cosas que históricamente le corresponden a la mujer) sería más bien un premio. Respecto a la adoración de pies, la mayoría de sumisos son fetichistas, así que “ordenarle” besar nuestros pies, es premiarlo, pero aquí entra otra vez esa dualidad sumiso-machista: besar y adorar los pies de una mujer es humillante, porque aún dentro de la concepción machista del sumiso, la mujer sigue siendo inferior al hombre, entonces, adorar algo inferior, es la forma de degradarse. Y una vez más se está insultando a la supremacía de la mujer.

Incluso en el castigo físico hay egoísmo, el sumiso está siendo atendido por su Ama, una vez más la relación gira en torno a él. Además, en la mayoría de la fantasía o concepción del castigo de parte del sumiso, este castigo se da hasta donde él aguante. De tal forma, que para que un castigo sea verdaderamente una reprimenda, deberá ser, si es físico, mucho más allá de hasta donde aguante el sumiso. Tendrá que llorar y suplicar perdón, y una vez hecho esto, continuar, hasta que comprenda que está completa y absolutamente en manos de su Ama, y que los castigos (así como la relación misma) giran en torno a ella.

Así pues, un verdadero castigo debe ser algo que al sumiso no le guste, no tolere, o no disfrute. Ya que la idea principal del castigo es corregir una mala actitud o acción, y que ésta no vuelva a suceder. Por ejemplo, sugiero castigar “a la inversa” de la idea sumiso-machista, si el sumiso disfruta la penetración anal (aún como forma de humillación o dolor), castigarlo precisamente con la ausencia de dicha penetración por una semana, e incluso torturarlo, poniéndole lubricante en el ano, y frotándole un consolador, pero sin ser penetrado.

Por ejemplo, en mi caso, mi esclavo es fetichista de pies, y cuando hace algo que no me gusta, su castigo consiste en que no podrá besarme, lamer ni oler mis pies o zapatos. Para hacer más influyente el castigo, durante ese periodo de castigo (tres días, una semana, etc.) me pongo los zapatos o sandalias más sexis, y que sé que le gustan, y en verdad le provoco un martirio al ver mis lindos pies y saber que en ningún momento los podrá tocar. A veces luego de un largo día de trabajo llego, me quito los zapatos (sandalias o huaraches, en mi ciudad hace mucho calor, lo que nos provoca a las mujeres usar zapato abierto o destapado, y aun usando huaraches o sandalias, nos sudan, sobre todo la planta del pie), y le ordeno olerlos por unos segundos, se le hace agua la boca, y casi muere de desesperación al no poder lamer mis apestosos, húmedos y jugosos pies.

- Palabras de mi Señora y Diosa.

Existen pocos privilegios que superen el placer de cumplir la orden de besarle los pies

Una característica casi general de todos los sumisos, es el fetichismo de pies. Algunos en menor o mayor medida, pero todo esclavo disfruta masajear, besar, oler y si puede, lamer los pies de su ama. En su simbolismo, el pie, y sobre todo la planta del pie, es la parte más baja del cuerpo humano, lo más cercano al suelo, y el sumiso, al adorar el pie, está reiterando que su posición es por debajo de su ama, al ras de suelo. Es decir, más inferior no se puede. Además, muchos sumisos son verdaderos fetichistas de pies (y sus ramificaciones), para algunos es humillante y por eso les gusta, mientras que para otros, es un placer (un suculento mangar). Yo suelo usar mis pies como castigo o premio, es decir, si el esclavo se porta bien, como premio le permito oler, masajear, besar o hasta lamer mis pies (y zapatos), pero cuando se porta mal (me desobedece, o no cumple a cabalidad una orden) sabe que pasará un largo rato sin tocar mis pies.

Hasta la fecha no queda claro el porqué del fetichismo de pies, que lo provoca exactamente, o en qué medida, pero lo que sí es claro, es hay muchos fetichistas de pies, patéticos hombres que darían cualquier cosa por besar los pies de su vecina, o quitar y oler las sensuales sandalias (o zapatos de tacón) de alguna compañera de trabajo. Muchos incluso pagarían, o estarían dispuestos a humillarse por tener la oportunidad de besar esos lindos pies. Hay hombres obsesionados con los pies a tal grado, que cuando ven a una mujer linda en la calle, ya no se fijan ni en sus pechos ni en su trasero (como la mayoría), sino que clavan la mirada en el suelo.

Pondré una vez más de ejemplo a mi esclavo: desde chico desarrolló un fetichismo de pies, casi desde niño, fantaseaba con besarle los pies a las mujeres que veía en la calle. Con el tiempo, al no tener acceso a pies que lamer u oler, comenzó a desarrollar una variante del fetichismo de pies, y es el fetichismo de zapatos. Los zapatos al estar en contacto directo con el pie, almacenan su olor, además de que por sí mismos son sexis. Con frecuencia olía, besaba y lamía los zapatos y sandalias de su mamá. Le encantaba lamer la plantilla de los huaraches (de su madre), y oler la parte de delante (de los dedos) porqué ahí se concentraba más fuerte el olor.

Ya después, no le bastaban con los zapatos que encontraba en casa, y compraba zapatos usados en “tianguis” (“mercados de pulgas”, mercados ambulantes), y en cuantas ventas de patio que veía. Y como cada vez necesitaba estar más cerca de ese olor a pies, cuando le era posible en las ventas de patio (ventas de garaje) o en los puestos de tianguis, si lo atendía una mujer, le preguntaba si no le podría vender los zapatos que ella traía puestos, usando alguna escusa (que andaba buscando ese modelo de zapato en particular que traía puesto ella), con la intención de conseguir zapatos “recién quitados del pie”, si lo lograba, en cuanto se los daban buscaba la menor oportunidad para olerlos, y los guardaba en bolsas de plástico para que se conservara mejor el hedor. También en ocasiones robaba zapatos a sus vecinas, aprovechaba cuando no estuvieran en casa para meterse, o cuando iba de visita (con alguna escusa) y lo dejaban sólo por unos minutos. También les pedía que si tenían zapatos viejos que fueran a tirar, mejor se los dieran a él, ya que él conocía a alguien que los reparaba y los donaba.

En fin, estaba obsesionado con los pies de mujeres, y su más grande anhelo era besar unos pies, junto con su “vocación de servicio”. Afortunadamente para él, ahora tiene el placer de servirme, y siempre y cuando se porte bien, casi todos los días le ordeno masajearme los pies cuando llego a casa luego de un largo día, y si ha terminado todos los deberes y mandatos previos, le permito olerlos y besarlos.

Así pues, algo tan común como unos zapatos usados, pueden ser motivo de excitación para algunos, demostrando que “la basura de unos, es el tesoro de otros”. Les recomiendo que sus zapatos o sandalias ya muy usadas, no las tiren, mejor véndalas en algún sitio web, como “zapatos para fetichistas”, pueden si lo desean agregar alguna foto de sus pies modelándolos, no faltará algún fetichista que los compre, ya que por lo regular los fetichistas buscan zapatos en uso, que conserven fresco el olor a pies, no necesitan desnudarse ni nada de eso. Y así, todos ganan, nosotras vendemos nuestra basura, algo que ya íbamos a botar, y ellos adquieren unos lindos zapatos con olor a pies para masturbarse y fantasear con ellos.

Tal vez más de alguna persona haya quedado sorprendida respecto a este tema, ¿en verdad existen hombres tan patéticos que se exciten con zapatos (o pies)?, pues así es, y hay más de los que te imaginas.

-    Palabras de mi Señora y Diosa.

Quien dice que los sueños no se hacen realidad

Es interesante como muchos “hombres” tienen o han tenido una fantasía erótica que se relaciona con ser sometidos o dominados por una mujer. Hay quienes incluso tienen algún problema psicológico de su infancia, que ya de adultos, sienten la necesidad de ser disciplinados (castigados o sometidos) o tener una figura dominante, tal vez porque sienten alguna culpa o fueron muy consentidos. Algunos logran cumplir esa fantasía con su novia o esposa, otros necesitan pagar alguna sesión a una dominatriz.

En ocasiones esa necesidad (o fantasía) es pasajera, y una vez realizada no necesitan volver a hacerlo, pero en otros casos, pareciera que tienen una especie de “vocación” de sumiso. Los que tienen la fantasía pasajera son egoístas, ya que aun siendo sumisos, todo gira en torno a ellos mismos, es decir, la ama atiende su necesidad de ser dominados, y ese tipo de dominación tiende a ser principalmente física y sexual. A esos yo los llamo sumisos superficiales. El otro tipo de sumisos, los “sumisos por vocación”, por lo regular no les basta con una o varias sesiones, sino que buscan una “relación” más estable con su ama, no les importa el sexo o el castigo, si lo hay que bien, pero si no, no importa (incluso algunos sumisos son completamente castos, o respetan tanto a su ama que no creen merecer tener sexo con ella), porque lo más importante para ellos es servir a su ama, su mundo gira en torno a su señora. Esos son para mí los verdaderos sumisos.

Muchos de estos sumisos tienden a ser muy respetuosos, amables o cariñosos con su pareja (esto es una forma disimulada de ser sumiso), incluso ya casados, no se atreven a decírselo a su esposa, ya sea por timidez, pudor, o porque les aterra que ella piense que son unos depravados o degenerados sexuales. Algunos viven así toda su vida, privándose a ellos mismos, y a su potencial ama, de una muy bonita experiencia.

Como ejemplo, pondré a mi esclavo. El cual antes de servirme, desperdiciaba su potencial pasando largos ratos en la computadora, descargando pornografía y fantaseando con ser un esclavo. Desde la niñez ya tenía tendencias sumisas (muy pasivo e introvertido), en la adolescencia y hasta antes de servirme, veía videos o fotos “FEMDOM”, para imaginar que él era ese tipo al que castigaban o humillaban. Luego, ya no le era suficiente, y trataba de ambientar esa fantasía, el mismo se penetraba el trasero (con lo que tuviera a la mano, un lapicero, plumón, marcador), lamía las sandalias o zapatos de su madre, imaginándose que “su ama” le ordenaba limpiar sus zapatos, mientras ella lo penetraba. Y así, se masturbaba casi todos los días ambientando fantasías en solitario.

Afortunadamente para él, un día me conoció, y pudo enfocar sus energías en servir a un ama de verdad (en otra ocasión platicaré como se volvió mi esclavo). Y estoy segura que por todo el mundo ha de haber muchos otros patéticos “hombres” que viven con la esperanza de algún día poder servir a una mujer.

Creo que también las mujeres deberíamos ser más abiertas respecto a este tema (aún tengo algunas amigas que no están de acuerdo con el hecho de que tenga un esclavo), sabemos de antemano que nosotras somos el verdadero sexo fuerte, no hay nada de malo aceptar a los hombres como son, sumisos por naturaleza. Las invito a darse una oportunidad de “adoptar” un sumiso si surge la oportunidad (ya sea como novia, esposa, o ama libre).

Y ustedes sumisos, no se queden callados, expresen a sus parejas lo que sienten, ya sea de manera explícita, o con insinuaciones o indirectas, con frases como “usted decide”, “usted diga y yo obedezco”, o acciones como ofrecerle un masaje de pies, limpiar sus zapatos, llevarle el desayuno a la cama, u ofrecerse a hacer los quehaceres del hogar para que ella descanse. Y así, poco a poco ir subiendo la intensidad. Si a ella no le parece la idea, pues total ya verán cómo arreglarlo, pero estoy casi segura que a la mayoría de las mujeres nos gustaría tener un sirviente gratuito en casa, y así ustedes podrán cumplir su sueño.

Se los digo por experiencia propia, mi esclavo es un ejemplo de que los sueños se hacen realidad, él vive hoy felizmente sirviéndome.

-    Palabreas de mi Señora y Diosa. Y le agradezco infinitamente, como cada día, la oportunidad que me da de servirle.

La relación perfecta

Para reflexionar…

Me encanta esta imagen, ya que a mi parecer ilustra por completo el verdadero papel de la mujer y el hombre en la sociedad. El pie sobre el rostro de un hombre sumiso y obediente, que no intenta si quiera zafarse de esa posición,  no sólo porque sabe que un mínimo intento traería consigo un terrible castigo, sino porque simple y sencillamente sabe que ni puede ni quiere, ya que es inferior por naturaleza. Muestra cómo el tiempo nos ha dado la razón, ¡el verdadero sexo fuerte somos nosotras! El hombre ha reconocido y aceptado que su papel es estar por debajo de la planta del pie de la mujer, ¡incluso por debajo de sus zapatos!, así pues, la insignificancia del hombre llega a tal grado, que si está por debajo de las sandalias que usa una mujer, desde luego que no tiene ni la más mínima oportunidad de compararse con ella.

En su insignificancia, lo único que le queda, es buscar la manera de servir mejor, dígase “caballerismo”, “amabilidad” o “educación”, el hombre se ha dado cuenta que su única y verdadera razón de ser, es servir a la mujer.

Aquellos que tienen todavía la ficticia visión del machismo, tarde o temprano terminarán postrándose, y besando los pies de la mujer desde el suelo.

Y quien no acepte esto, sólo se está engañando así mismo, y peor aún, está perdiendo la oportunidad de hacer algo útil con su existencia: servir a la mujer.

-Palabras de mi Señora y Diosa.